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Durante la cumbre del G-20, que acaba de terminar en Toronto (Canadá), se estableció que la corriente de mensajes enviados por Twitter generó una enorme capacidad de movilización entre ciudadanos que desafiaron el encuentro a puertas cerradas de líderes que representan el 85% del PBI mundial. Los blogs evidenciaron también la capacidad creativa para apodar a la veintena de mandatarios que integran este club político. “Son denominaciones que ganan tal fuerza que se establecen como nombres y todo el mundo las entiende”, dijo a La Nación un colega canadiense, responsable de la cobertura online de la cumbre. “Por momentos, parecimos desbordados”, confesó Samanta Peel, una de las autoridades policiales que actuaron en el operativo de seguridad, que no dio abasto para una ciudad tomada por sorpresa por los manifestantes. La paradoja fue que no sólo los manifestantes se organizaron a fuerza de Twitter, sino también quienes debían arreglar las huellas de destrucción que dejaron a su paso. Información publicada en diario La Nación (Argentina).

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