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Al menos hasta fines de octubre y a pesar de haber transitado un año de elecciones gubernamentales a nivel provincial y nacional, la compraventa de inmuebles y la actividad de la construcción había evidenciado un saldo que podria juzgarse como satisfactorio en cuanto a los niveles de actividad, incluso con un leve aumento con respecto al año anterior.

Luego de la sorpresa inicial que genero dentro de los actores del mercado las medidas del último fin de semana de octubre, con el trascurso de los primeros días de vigencia de la nueva política en materia cambiaria salieron a la luz las complicaciones de facto que las mismas provocaron en el día a día de los negocios de real estate, resultando evidente que la previa calificación por parte de la AFIP para poder convertir pesos en dólares impactó de manera directa en un mercado inmobiliario dolarizado que nunca dejó de tener de referencia a la moneda de Estados Unidos.

Por otra parte, al ánimo de los inversores, que durante los últimos años se había mostrado siempre favorable hacia los bienes raíces, las nuevas medidas le transmiten dudas acerca de la conveniencia de hacia donde volcar sus ahorros, al menos en el corto plazo.

Tampoco pasa inadvertido que el crédito hipotecario, que si bien hace rato tiene una participación reducida en el total de compraventas, sufre también la consecuencia del incremento de tasas producto de la necesidad de mantener depóstios y del requisito adicional de pasar por la AFIP para convertir el monto a dólares. La nueva situación no obra desde luego en el sentido de favorecer la operatoria de créditos hipotecarios, que además de ser un vehículo necesario para facilitar el acceso a la propiedad de la clase media es una de las más eficaces herramientas de trasparencia en las operaciones inmobiliarias y en la lucha contra la evasión por ese medio.

Reporte Inmobiliario

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